En la búsqueda de oportunidades laborales, muchos jóvenes se encuentran con términos como becas, contratos para la formación y contratos en prácticas. Aunque estos conceptos pueden parecer similares, cada uno de ellos tiene características, objetivos y derechos distintos. Comprender estas diferencias no solo es crucial para quienes buscan iniciar su carrera profesional, sino también para las empresas que desean contratar nuevos talentos. A continuación, desglosaremos cada uno de estos términos para ofrecer una visión clara y completa.
Becas, contrato para la formación y contrato en prácticas: similitudes y diferencias
Las becas, el contrato para la formación y los contratos en prácticas se desarrollan en entornos laborales reales, ajenos a los centros de formación tradicional. Esto implica que los jóvenes tienen la oportunidad de acelerar su incorporación al mercado laboral mediante la experiencia práctica. Sin embargo, cada modalidad tiene sus particularidades.
Uno de los aspectos comunes es que todos ellos permiten a los jóvenes complementar su formación teórica con experiencia práctica, lo que es fundamental para facilitar la entrada al mundo laboral. Además, esta experiencia práctica les ayuda a establecer una red de contactos que puede ser vital a la hora de conseguir un empleo en el futuro.
A pesar de estas similitudes, es esencial destacar que existen diferencias significativas en cuanto a derechos, obligaciones y la naturaleza del trabajo realizado. A continuación, exploraremos estas diferencias en detalle.
Un becario no es un trabajador: entendiendo el rol del becario
Es fundamental entender que un becario no es considerado un trabajador. Su función principal es formarse, mientras que quienes tienen un contrato para la formación o un contrato en prácticas están realizando un trabajo remunerado.
- El becario es un estudiante que realiza prácticas en una empresa, bajo un convenio de colaboración, y no un contrato laboral. Aunque puede recibir una compensación económica, esta no se considera un salario, sino una ayuda para cubrir gastos.
- En contraste, quienes están bajo un contrato para la formación o en prácticas son trabajadores que desempeñan tareas remuneradas mientras reciben formación. Estos contratos tienen un marco legal que les otorga derechos laborales, como cotizar a la Seguridad Social.
Diferencias clave entre el contrato de formación y el contrato en prácticas
Tanto el contrato de formación como el contrato en prácticas están regulados por el Estatuto de los Trabajadores, pero persiguen objetivos diferentes y tienen características distintas.
1. Objetivos de los contratos: formación vs. experiencia
El contrato para la formación y el aprendizaje está destinado a jóvenes de entre 16 y 25 años que no tienen cualificación profesional. Su objetivo es proporcionarles formación teórica y práctica simultáneamente, ayudándoles a obtener una titulación educativa o de formación profesional. Esto promueve la inserción laboral de estos jóvenes.
Por otro lado, el contrato en prácticas está diseñado para quienes ya han finalizado sus estudios y poseen una titulación. Este contrato les permite poner en práctica los conocimientos adquiridos en un entorno laboral real.
2. Tipo de formación recibida
En el contrato de formación, los trabajadores dedican una parte de su jornada laboral a recibir formación teórica. Durante el primer año, el 75% de su tiempo es para trabajo y el 25% para formación. En los dos años siguientes, esta proporción cambia a 85% de trabajo y 15% de formación.
En cambio, en el contrato en prácticas, los trabajadores ya han completado su formación y, por lo tanto, se enfocan exclusivamente en realizar tareas prácticas relacionadas con su formación.
3. Acreditaciones y titulaciones
El contrato de formación tiene como meta que los jóvenes obtengan un título educativo o un certificado de profesionalidad. Esta experiencia laboral es valiosa y puede abrir puertas en el futuro.
En contraste, el contrato en prácticas no proporciona un título oficial, sino un certificado que detalla la duración de las prácticas y las tareas realizadas, lo cual también es útil para el futuro profesional del trabajador.
4. Duración de los contratos
La duración del contrato de formación oscila entre un mínimo de 1 año y un máximo de 3 años. Existen posibilidades de prórroga, pero no pueden exceder de este tiempo. Por su parte, el contrato en prácticas puede durar entre 6 meses y 2 años, dependiendo de lo que establezca el Convenio Colectivo del sector.
5. Remuneración y salario
En el contrato de formación, el salario se calcula en función del puesto y del tiempo de trabajo realizado. Por ejemplo, en el primer año, se cobraría el 75% del salario correspondiente al puesto en el que se trabaja, y en el segundo año, el 85% del salario. Además, es obligatorio que se respete el Salario Mínimo Interprofesional.
En el caso del contrato en prácticas, los trabajadores perciben el 60% del salario del puesto en el primer año y el 75% en el segundo, sin que esto sea inferior al Salario Mínimo Interprofesional.
Consideraciones finales a tener en cuenta
Es importante que tanto los jóvenes como las empresas tengan claro qué modalidad se ajusta mejor a sus necesidades y objetivos. Las becas, los contratos para la formación y los contratos en prácticas ofrecen oportunidades valiosas, pero es fundamental entender sus diferencias para aprovechar al máximo cada opción.
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